miércoles, 25 de noviembre de 2020

Portos, Portichuelo

 

Demasiado pronto, demasiado joven. El aniversario de mi encuentro con Minus marca también a partir de hoy el de tu partida. No tengo palabras, cariño mío, solo dolor. Mucho dolor. Has sido, eres, un compañero que escapa a las palabras, porque siempre se quedan cortas para hablar del amor y del dolor. Esos ojos tuyos, occhi d'uomo. No he dejado de mirarlos hasta que se han apagado, rompiéndome en mil pedazos. Pero tus ojos siguen vivos, tú sigues vivo, de otra forma, en otro lado, no solo en mi corazón. 

Gracias, Portos, por haberte cruzado en mi camino cuando apenas tenías tres mesecitos. Gracias por la vida compartida. Gracias por el amor, por tanto, tanto, tanto, tanto amor. Gracias por quererme. Gracias por dejarte querer. Gracias por ser, gracias por estar. Gracias, gracias, gracias. 

Te quiero, mi amor Portos. Love trumps death, and death is not the end, pero estoy rota. Hasta el reencuentro, hazte notar, por favor.

11 comentarios:

  1. Aquí me tienes, Portos, escribiendo sobre nuestro encuentro y algo de nuestra vida juntos, no sé si para una nueva entrada en este blog o para añadirlo a esta misma. Y me acabo de dar cuenta de que faltan menos de 20 minutos paa que se cumplan 24 horas desde que empezó mi vida sin tu presencia física. No es, sin embargo, una vuelta a la mañana del 7 de julio de 2012. Cuando me desperté ese día, no sabía que me estabas esperando. Hasta ese 7 de julio, sí que puedo decir que había vivido mi vida sin ti. Ahora no; mi vida ya está para siempre ligada a la tuya, tú ya estás para siempre en mi vida, y yo en la tuya. Vidas compartidas, destinadas a reunirse. Pero, hasta que la muerte nos una, a mí me toca aprender a vivir sin tu presencia física. No sin ti. Y hoy estoy en carne viva. Voy por la casa como zombi, alternando el llanto silencioso con aullidos de dolor. No hay palabras, el dolor es animal, bendito sea ese aullido que expresa lo que no puede la poesía más exquisita. También voy como una masoquista, haciendo fotos a todo lo que queda de tu presencia física: tus huellas de pies mojados, manchas en el suelo, mechones de pelos que recojo y guardo. Sé que tú no estás ahí, pero es parte de ti, y ya sabes de mi apego a lo material. Todo lo que haya sido parte de ti es sagrado para mí.
    En mi otro texto, rememoro nuestro tiempo juntos en este plano, pero conforme escribo esto, estoy anclada a estos dos últimos días. Más aún, al día de ayer, cuando alternaba la esperanza con el choque con la cruda realidad, cuando no te encontraba por el jardín porque te habías escondido; la alegría cuando te veía moverte, seguirme para pensártelo dos veces y luego entrar en casa. Ahora, hace 24 horas, estaba tirada contigo en la clínica veterinaria. Mis ojos clavados en los tuyos, mis manos en las tuyas, Matthias acariciándote el cuello. A la mierda la mascarilla. Tú tenías que verme toda la cara, sin filtros. Y creo que, a estas horas (14.16) ya estabas respirando rápidamente. El vete nos había contado todo. Había llegado el momento. Te abracé, te besé, te tomé la mano, te acaricié el rostro, miraba a tus ojos, tus ojos bellos que se fueron nublando conforme tu respiración se agitaba. Fuiste tú el que pusiste tu mano sobre la mía ¿Me dabas cariño? ¿Las gracias? ¿Un acto reflejo? Me dio la vida, en medio de tanto dolor. Te habían puesto ya la sedación, por eso la respiración agitaba. Preguntaba entre tanto al veterinario si creía en Dios. Hacía papeles. Se acercó al poco, sobre esa hora (14.19) y te aplicó en la vía la muerte dulce. No había marcha atrás. Tu bienestar por encima de todo. Sufrimiento inútil no. Imploré si había algo que hacer antes de tomar esta decisión terrible. No había nada. Era un acto de amor el ahorrarte lo que habrían sido dos, tres días, de indecible sufrimiento. Y así, de un momento para otro dejaste de respirar. Te quiero, te quiero, te quiero. Espérame. No te vayas muy lejos de mí, Portos. Te quiero. Gracias por todo. Gracias por estar en mi vida, mi héroe, mi campeón.
    - ¿Ya?
    - Ya
    ........!!!!!!!
    Necesito ver la hora: 14.21

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  2. Y así, querido Portos, ya han pasado 24 horas. Duele horrores.

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  3. No es masoquismo, es un afán por agarrarme a la semana pasada, cuando estaba contigo, mientras te ibas deslizando, lo que me ha llevado a pasar la mañana y estar aquí ahora alternando este miércoles con el miércoles pasado. Viendo tus fotos, recordando momentos, hablándote, llorándote y volver a estar ahora tirada contigo en el suelo de la clínica veterinaria, con tu mano sobre la mía y mis ojos fijos en los tuyos, llenándote de te quieros, de lágrimas y de sonrisas forzadas. Qué raro es el tiempo, a veces centenario, otras nanosegundero. Y ahora cada minuto pesa, mientras me aferro no sé muy bien a qué. Bueno, sí lo sé: a ti.
    14.16 Te quiero, Portos.
    14.17 Te quiero, Portos.
    14.18 Te quiero, Portos.
    14.19 Te quiero, Portos.
    14.20 Te quiero, Portos.
    14.21 Te quiero, Portos, más aún. Una semana ahora.


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  4. Dos semanas, mi amor Portos. Dos semanas. Pesa como una eternidad, y a veces me parece que voy a ver tu cola de fuego pasar por la ventana. No he sido capaz aún de preparar el café delante de la ventana por la que, cuando estabas fuera, me saludabas y te daba alguna chuche. No he sido capaz. Te echo tantísimo de menos, cariño mío. He visto un par de veces a Noa y a su mami humana. No he sido capaz tampoco de decirle nada. Noa ha cumplido 10 años y está genial. Tú solo tenías ocho. Te han robado años, te los han robado. Agradezco este tiempo, pero no perdono ese robo. Te quiero, te quiero, te quiero.

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  5. Mi niño bonito, mi amor Portos. Tres semanas hoy. Qué desgarro. Me llega un correo diciéndome que me han reembolsado por el último bote de Defense Pet, el que no llegaste a utilizar. Ojalá no hubiera tenido que devolverlo nunca. Ojalá hubiéramos seguido dándote tu mejunje. Ojalá no hubieras enfermado. Ojalá te hubieras curado. Duele. Te quiero.

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    1. Ojalá hubiéramos poder seguir dándotelo, el mejunje. Sería señal de que estabas aquí. Lo estás, pero no como a mí me gustaría. Quiero abrazarte.

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  6. Revivo la agonía, mi amor Portos. El vaivén de las olas del dolor es constante, pero a veces viene un tsunami que me revuelca y me ahoga. Y yo, aprendiendo a surfear. Te echo tantísimo de menos, mi cariño. Hoy me ha llegado un mensaje lindísimo de una estudiante, que te ha mencionado, junto al resto de la familia, para desearnos a todas/os feliz Navidad. No sabía nada, y nada he querido decirle. Porque aquí sigues, aunque yo no te vea. El otro día, por fin, me visitaste en sueños, pero no es igual. No puedo abrazarte. Y cada miércoles revivo aquella mañana del 25 de noviembre, aquellos minutos en los que estaba tirada contigo en el suelo de la clínica veterinaria, bañándote de lágrimas y llenándote de besos. El acto de amor más doloroso y más desgarrador. Pero un acto de amor al fin y al cabo. Amor que seguimos compartiendo, amor Portos, porque love trumps death, and death is not the end.
    14.16 Seguías aquí, sedado, cruzando, con tus occhi d'uomo, bellos a pesar de estar apagándose. A pesar de que tu rostro hinchado se empeñara en esconderlos. Tu mirada bella, hermosa.
    14.17. Lágrimas como las de entonces, ahora frente al ordenador.
    14.18. Te quiero, más que ayer, más que hace una luna. Menos que mañana. Menos que dentro de otra luna. Pero sigo rota.
    14.19. ¿Sabes, Portos? Mañana recogo una bola de Navidad con tu nombre. Tu muñeco ya está colgado, aunque me ha costado lo más grande poner los árboles este año. Tenía la esperanza de que siguieras aquí hoy. Sigues, lo sé, pero ya sabes cómo quisiera que hubieras seguido.
    14.20. Parece que Mishkin quiere saludarte. Se asoma a la pantalla.
    14.21. Te quiero, Portos.
    14.22. Una luna hoy, Portos. Una luna.

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  7. ¿Has sido tú, Portos? Esta mañana y junto hace un minuto? ¿Para hacerme saber que sigues aquí? En medio del tsunami de llanto y de dolor, ripples of hope. Gracias, mi vida, mi amor Portos. Justo un mes ahora. Feliz Navidad.

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  8. Dos meses y un día. Parece una condena. ¡Cuánto te echo de menos, amor Portos! ¡Cuánto te quiero!

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  9. Tres meses, mi amor. Te lloro, te quiero, y vuelvo a llorarte, y a quererte más.

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