domingo, 7 de septiembre de 2025

Mishkin, my prince Myshkin


Mishkin, mi Myshkin. Good night, sweet prince Myshkin, and flights of angels sing thee to thy rest. I wish you could have waited, but I respect your choice. I love you so much, my darling. Love trumps death, and death is not the end, but the pain, the pain, the pain. I still cannot believe it. So sudden, so sudden, so devastatingly, painfully sudden. Thank you for 17 years of love, so much love. I know, you didn't look 17 in any way, sorry for disclosing your age, my darling. Love continues, you know that, don't you? Do you feel mine? Because I surely feel yours. But I'm breathless without you now. I wish I could die, just for a few minutes, to cross over with you, and catch a breath.

I'm not making sense. Nothing makes sense. You make sense. 

martes, 12 de marzo de 2024

Febbi lindo ¿por qué?


 No puede una entrar en este tipo de preguntas, me dice Matthias, pero no entiendo por qué. Tan joven, tan comilón, tan vivaracho, tan simpaticón. Febbi el energético. Has estado aquí conmigo un año, un mes y una semana. Sabe a poco, aunque me basta con saber que nuestras almas se han juntado para no separarse jamás. Ahora habitas con las otras almas, sin tu lindo cuerpecito físico, pero a mi cuerpo físico le duele no verte, no tocarte (porque sí, aunque muy brevemente, tú te dejabas tocar, nunca sabré si es porque no veías bien con un ojito). Adorable Febbi, te echo de menos. Te quiero.

sábado, 2 de diciembre de 2023

Michi, Micho Michón, Michi campeón


Michi, amor Michi. No hay palabras. Solo dolor. Mucho amor. No hay tiempo marcado, solo tiempo contigo, y huellas. Irreal. Fuerte. Poderoso lo nuestro. Te quiero. Faltan palabras. Mucho amor. Rota. Te quiero. Me faltas. Rota. Siempre conmigo. Rota. Hueco enorme. Mi gatito fuerte. Pavarotti. Charlie Watts. Michi. Amor Michi.

 

 Love trumps death, and death is not the end. 

Duele.

Amo.

Me duele.

Te amo.

Te amo.

Te amo más.



domingo, 29 de enero de 2023

Stevie

Ahora Stevie, que llegó a casa on the feast of Stephen, el 26 de diciembre de 2018. Parece una broma cruel. Pequeñito mío 💔 No puedo. No tienes la culpa tú, pero esto parece una pesadilla. Vuela alto, cariño, pero también cerquita.

Love trumps death, and death is not the end, pero tengo el corazón hecho añicos.

Así posaba, el día que llegó a casa.




viernes, 6 de enero de 2023

Día de Reyes de 2023 - Mirra, mi Mirra linda, para Jesús.

 Se ve que Jesús no quería tener solo la mirra que le trajeron los Magos de Oriente, y ha querido llevarse hoy a mi Mirra linda. Mi Mirrilla, mi adorable gata-perra, mi princesa del guisante, delicada, cariñosa, viajera, indescriptible. Hasta para marcharse ha sido preciosa. Soy muy consciente de que debería ver cómo se ha desarrollado todo como un regalo; de hecho, lo soy, pero es difícil ver como un regalo algo que no quería que sucediera. Mirra me ha enseñado tantísimo, me ha regalado tantísimo, mucho de lo cual no supe ver en su momento pero lo veo ahora, que me considero privilegiada porque alguien no la quisiera y acabase en mi casa. Their loss, my gain, my enormous treasure.

Pero ahora estoy rota, destrozada, y muy cansada. Te echo de menos, Mirra, y te querré siempre. Love trumps death and death is not the end.

(Continuará)



martes, 2 de agosto de 2022

Pichí, amor Pichí.



 

 Estoy destrozada, y últimamente parece que entro al blog solo para despedidas. No es así; son homenajes a quienes me han dejado el corazón roto, pero rebosante de amor. Y tú no ibas a ser menos, Pichí, aunque haya compartido contigo solo 16 días. Me parece mentira, parece que llevases mucho más tiempo conmigo. La intensidad de lo compartido no entiende de cronologías. Me decía Lidia que un amigo suyo decía que la vida hay que valorarla por lo ancha que ha sido más que por la longitud. Espero que la tuya, a pesar de corta, haya sido ancha. Si tengo que juzgar por cómo me sentía yo estando contigo, entonces es inconmensurable.
    Te encontré el 15 de julio, escondido entre las macetas de la placeta. Andabas, correteabas, revoloteabas, pero no remontabas el vuelo, salvo para subir de un escalón a otro. Me fue muy fácil cogerte y creo que hubiese sido aún más fácil a cualquiera que quisiera hacerte daño. No hay gatos por aquí, así que no creo que hubieses acabado en sus garras (irónico que fuera Michi quien acabara contigo), pero quizá algún perro, o quizá, a tenor de las temperaturas de ese día, hubieses muerto de calor, o de deshidratación. Quise salvarte la vida, pensé que lo estaba haciendo y me diste 16 días de felicidad infinita, incluso con la incertidumbre de si saldrías adelante. Sé que los gorriones alimentan a sus hijos en el suelo, incluso si han caído del nido, pero también sé (o creo, en realidad no sé nada) que no habrías podido remontar el vuelo con ellos. Juanjo me dijo cuando lo llamé que se le había muerto uno que estaba deshidratado y no podía seguir a sus padre, así que creo que fue la decisión correcta.
    Primero fue la jeringuilla, y nada; pero al pan mojado en leches vegetales y en agua sí que reaccionabas bien. Me encantaba verte el buche llenito y oírte llamar a los tuyos cuando te ponía en la ventana. Y ese descaro tuyo tan lindo, cuando me mirabas desde el armario para decirme ¿quë? ¿O solo mirabas? Cada mañana me despertaba con una ilusión tremenda, me asomaba a tu jaula, cerraba todo y te dejaba la jaula abierta. A veces te  quedabas ahí todo el rato, pero últimamente ya te colocabas en posición de salida, te colocabas en la puerta, mirabas a todas partes y alzabas el vuelo hacia el poto o , más frecuentemente, hacia el coral.  Esa era tu atalaya particular.


    Al principio te llevaba siempre de Ogíjares a Granada. Tenía que darte de comer con frecuencia y no podía dejarte en manos de nadie. Luego, como ya comías solo, te dejaba en Ogíjares, con la jaula siempre cerrada y también la puerta. Una escoba avisaba de que allí había una vida preciosa que había que proteger.
    Ayer el aviso no fue suficiente. No me lo puedo creer. Lo vivo como una traición. ¿Seré capaz de perdonar? Espero que fuese rápido, que no pasaras miedo, pero no puedo dejar de llorar. Ando como una zombi. Aún no he vuelto a Ogíjares. Tú sí has vuelto a casa, en el fondo de tu jaula, dormidito. Ahora descansas aquí. Te merecías una vida más larga, Pichí. Nos merecíamos ese verano en Francia, ese plan A si volabas o el plan B si no podías volar. No es justo. El dolor es atroz, y la furia no ayuda a sobrellevarlo. Te lloro y maldigo. ¿Soy injusta? Quizá. Pero tu vida era preciosa y se merecía que cualquier persona a cuyo cargo estuvieras la cuidara con la atención que yo te dispensaba. No, no soy Doña Perfecta, far from it; pero sé lo único que eras. No cabía negligencia alguna. Y ahora no puedo perdonar.
    Pero esos 16 días. ¡Guau! You thrived! Espero que te sintieras amado y, si continúas aquí, como dicen, en otro plano, espero que lo sientas aún más, libre de ataduras y pesos físicos. A mí me duele tu vida acortada antes de tiempo, mis ilusiones contigo sesgadas, pero me siento privilegiada de que estés en mi vida. Te quiero, Pichí.
Love trumps death, and death is not the end.
Duele.

Hasta el reencuentro.

 

 




miércoles, 25 de noviembre de 2020

Portos, Portichuelo

 

Demasiado pronto, demasiado joven. El aniversario de mi encuentro con Minus marca también a partir de hoy el de tu partida. No tengo palabras, cariño mío, solo dolor. Mucho dolor. Has sido, eres, un compañero que escapa a las palabras, porque siempre se quedan cortas para hablar del amor y del dolor. Esos ojos tuyos, occhi d'uomo. No he dejado de mirarlos hasta que se han apagado, rompiéndome en mil pedazos. Pero tus ojos siguen vivos, tú sigues vivo, de otra forma, en otro lado, no solo en mi corazón. 

Gracias, Portos, por haberte cruzado en mi camino cuando apenas tenías tres mesecitos. Gracias por la vida compartida. Gracias por el amor, por tanto, tanto, tanto, tanto amor. Gracias por quererme. Gracias por dejarte querer. Gracias por ser, gracias por estar. Gracias, gracias, gracias. 

Te quiero, mi amor Portos. Love trumps death, and death is not the end, pero estoy rota. Hasta el reencuentro, hazte notar, por favor.

miércoles, 25 de diciembre de 2019

Feliz Navidad vegana





El portal de Belén rompe con toda oposición binaria entre divino/no divino; humano/no humano. Se nos dice que Dios se hizo humano, y a mí me conmueve y me alegra el corazón el que naciera entre animales. Que el amor se instale de verdad en nuestros corazones y guíe nuestras acciones para que coexistamos en paz todos los seres vivos que habitamos en este maltrecho planeta. ¡Feliz Navidad! 🎄 💓 🙏🏻

Mi contribución vegana a la cena de anoche is a (y almuerzo de Navidad): mazapán de orejones, trufas se chocolate y de coco, galletitas saladas, paté de champiñones y de tomate seco con aceitunas y pipas de calabaza, bolitas de boniato con queso vegano y una empanada de judías azuki verduras de invierno (está última no está en la fotografía pero creo que la de ayer fue la versión que mejor me salió 😎)



sábado, 16 de noviembre de 2019

Mi tita Mary




Mi tita Mary era dos años mayor que mi madre; sin embargo, al haber estado soltera toda mi infancia, al llevarme y traerme a todas partes como si fuera su mascota, parecía la hermana joven. “Tú como yo. Independiente. Y sin niños”.
            Mi tita Mary me sentaba a bordar en sus rodillas cuando yo era demasiado pequeña para recordarlo, aunque veo la imagen vivamente de tantas veces que me lo contaba. “¡Tan chiquitilla! ¡Qué chiquitilla eras! ¡Una muñeca!” La veo desde un ángulo imposible, porque nos veo a las dos frente a la máquina de coser; pero la veo.
            Mi tita Mary nos contaba muchas historias y el otro día la recordaba sentada en la mesa camilla, con aquella Biblia enorme, leyéndome en voz alta. No recuerdo que me leyera de la Biblia en más ocasiones, solo aquella, aunque puede que fueran varios tardes seguidas, pero sí de otras muchas fuentes. Me encantaba oírla leer, verla pasar las páginas. Me gustaba verla doblar el periódico mientras lo leía, y tocarse el pelo de aquella manera que a mi abuelo le disgustaba tanto y que ella repetía porque le encantaba chinchar. ¿Y cuándo bostezaba? “Mari Lourdes, por Dios”. Y se reía. Sí; porque le encantaba chinchar.
            Mi tita Mary nos contaba muchas historias, y las repetía.  “Uf, otra vez”. “Sí, tita, yaaa. Si ya lo sé”. Y pienso que me irritaba porque esa nostalgia suya me recordaba a la mía. “Cómo pasa el tiempo. Qué pena. Tan chiquitilla que eras”. Y ahora me detesto por no haberle prestado toda la atención que pedía y que merecía; y me encantaría pedirle que me las volviera a contar, como anoche le pedí que lo hiciera a Irene, cuando apenas le salía la voz. “Como Chloe”.
            Mi tita Mary coleccionó los fascículos de “Las Estrellas”. Cada semana, la nueva entrega. Marilyn Monroe creo recordar que fue la primera; luego vinieron Clark Gable y Marlon Brando, aunque no sé si en ese orden. Y otros muchos más. Los encuadernó, y el pasado día 1, cuando estuvimos viéndola en casa, vi los tomos en una estantería de su salita y me transporté a la infancia. Recordamos juntas y, en esos recuerdos, seguro que viajamos las dos al salón de la casa del abuelo, aunque yo también viajé a esa salita en la que estábamos entonces, a un pasado más cercano, hace 32 años, cuando era otra salita, en la que yo dormía cuando me quedaba en su casa.
            Mi tita Mary me bordó ropita de cama para mis muñecas, me llevó de viaje, me hizo fotos, películas, me contaba cuentos cuando dormíamos juntas, en la habitación que compartía con mi tita Elvira cuando vivían con mis abuelos; mi hermano Nacho con la tita Elvira, yo con la tita Mary. La oigo pronunciar Rapunzel pero no consigo acordarme de qué era lo que robaba el padre.  ¿Lechugas? ¿Coles? ¿Berzas? ¿Repollos? Ahora no lo sabré. ¡Berzas! ¡Creo que eran berzas! Y yo cogía ese Jerry con biberón encima de la mesita de noche. “¿Quieres que te cuente el cuento del gallo pelao?” “Sí” “Yo no digo ni que sí ni que no; que si quieres que te cuente el cuento del gallo pelao.” “No”. “Yo no digo ni que no ni que sí, que si quieres que te cuente el cuento del gallo pelao.” “Ofú, titaaaaaa”.
            Mi tita Mary cantaba en un coro, y escuchaba a Jarcha, y a Eduardo Aute, y se compró un equipo de música chulísimo en el que yo escuchaba discos horas y horas.
            Mi tita Mary tenía mucho genio; como yo. “Tú como yo”. El bicho que le picó al tren. El colirio de pilocarpina.
            Mi tita Mary nos quiso a rabiar, nos quiere a rabiar, y yo espero que ella se haya sentido querida; espero que sepa cuánto la queríamos, cuanto la queremos; cuanto la quería, cuánto la quiero. Te quiero, tita Mary.
            Mi tita Mary se ha ido y a mí se me ha roto el alma.



lunes, 12 de agosto de 2019

¿Dónde van las historias no escritas?

Esas ideas que se agolpan y cobran forma en la cabeza hasta transformarse en jirones de historias ¿dónde van si no se escriben? ¿Se quedan en una especie de limbo esperando a que la memoria se acuerde de ellas y las materialice en una pantalla del ordenador, en una hoja de papel? No se encarnarán en las mismas hileras de palabras, que nos parecieron bellas, incluso perfectas, pero que no nos atrevimos a transcribir, quizá por algún miedo a que, al hacerlo, perdiesen esa inmortalidad que caracteriza a las ideas. Sobre cómo Brontë vino a dar con nosotros, las y los peris, las palomas desvalidas, la pérdida de una amiga tan, tan reciente, sueños con zorros a raíz de historias de zorros, esas siguen ahí, algunas más o menos detalladas, en algún apunte que habrá que buscar; otras se han escondido ¿buscando refugio o consuelo? Trato en vano de recordar la del zorro, que creo haber construido tras un sueño casi al completo. No recuerdo si la apunté y, si lo hice, a saber dónde.
¿Dónde se han ido?

martes, 12 de febrero de 2019

¡Feliz cumpleaños, Quenco!


Te vi por primera vez el 16 de enero de 2018, vagando por el campus de Cartuja. Después de estar casi un mes intentando atraparte - tenías tanto miedo y éramos tantas las personas que queríamos sacarte de la calle - hace un año lo conseguimos con la inestimable ayuda de una perrita en celo. Había soñado que te cogía, y cuando al fin te vi al otro lado de la correa, rompí a llorar. Todavía eres asustón pero espero que sepas lo feliz que me hace que estés en mi vida. Te quiero, Quenco lindo. ¡Feliz cumpleaños! ¡Qué cumplas muchos más!

lunes, 5 de noviembre de 2018

D'Arby a los tres meses. ¿Cuánto puede resitir el corazón?


Llegar a casa por la noche, acercarme a la jaula para ver cómo estáis y encontrarte, D'Arby chico, en el suelo, inerte. Apenas llevábamos tres meses juntos, pero ya me girabas la cabecita cuando te llamaba y la movías hacia los lados, comi si me entendieses cuando te hablaba. Mi pequeño sinvergonzoncillo, se me ha vuelto a romper el corazón. :____( Te quiero.

domingo, 29 de julio de 2018

Dixie, mi Dixie inglés

Sin esperármelo, de repente. Poco más de siete meses juntos. Hoy se ha ido entre mis manos. Y el corazón vuelve a estar hecho añicos. No entiendo nada. No es justo, cariño. No es justo. Ayer hablabas conmigo. Te quiero. Hasta el reencuentro. No tengo palabras. No puedo más.
Saliendo de la cajita y volando hacia casita. Girando tu cabecita. Confiando. Temiendo. Cantando. Comiendo. Curioso. Guapo. Garboso. Te quiero.







sábado, 18 de noviembre de 2017

Mi Chuli, Chulitín.

Chuli en primer plano, con Nati, en marzo de 2016. Aún no llevaba un año en casa
No ha podido ser. Has luchado como un campeón pero ayer ya se te veía cansadito. Intentabas comer, incluso te me escapaste del sofá donde te había dejado confiada porque no podías volar. Desde que empezaste a estar pachuchillo, siempre llegaba a casa con ese miedo en el corazón, que se tornaba en alegría cuando te veía pizpireto a pesar de seguir embolado. Cuántas veces he pensado que iba a encontrarte en el suelo de la jaula. Y, sí, ayer te encontré en el suelo, pero andurreando y comiendo. Pero hoy tenía una sensación extraña en el estómago. Y ahí estabas, tumbadito en el suelo, frío. Ni siquiera hemos pasado dos años y medio juntos, pero son más que suficientes para que te hayas agarrado a mi corazón, como te agarrabas con tus patitas mientras; justo ayer, mientras comías. Amor Chuli.

El que hayas estado malito ha servido para estrechar lazos, para que pudiera sentir tu cuerpecillo calentito, tu corazón, tu respiración, al principio temerosa y luego más relajada. He restregado tu cabecita con mi cara, te he dado besos en el piquito y tú te has dejado querer.

Ojalá hubieras podido remontar el vuelo y pasar más tiempo conmigo y con Trisqui, que está ahora desorientada. Hasta ayer mismo pensaba que podías hacerlo; incluso esta mañana me he levantado con cierta esperanza. No ha podido ser, Chuli. Ahora vuelas por otros lugares, pero yo tengo el corazón destrozado. Te quiero tanto, pequeñín. Hasta el reencuentro. Love trumps death.

Momentos felices. Ahora sólo queda Trisqui, la primera por la izquierda.

jueves, 17 de agosto de 2017

"You humans. You ruin everything".

Acabo de devorar Pax, de Sara Pennypacker, un libro que me recomendó Alba Pantojo y que lleva esperando desde que lo recibí en enero. Ha viajado conmigo a Oxford, a Londres y ahora está aquí, en Goupillières y hoy ha sido su momento. Como me gusta curarme en salud, había leído ya el final, pero hoy ha sido el día en el que lo leído cuando las lágrimas me lo han permitido. Toca muchas fibras de las que suelo tratar con cuidado porque me conozco, pero ese amor entre dos criaturas vivas, el dolor de la separación, el anhelo, la culpa... son sólo algunas de ellas.

Justo cuando lo he terminado de leer me he enterado de otro nuevo atentado terrorista en Barcelona, lo que no ha hecho sino confirmar una misantropía que hace ya tiempo se ha adueñado de mí. Ojo, esa misantropía no se desprende del libro, tan solo porque hay ejemplos, como en la vida diaria, de gente que hace que una no desespere del todo. Pero, no, me ratifico en que como especie damos asco.
Queda pendiente una entrada más amplia sobre Pax, de Sara Pennypacker, pero por ahora tendrá que esperar.

El título de esta entrada es lo que Peter lee en los ojos de una cierva: "You humans. You ruin everything." No sé si la cierva lo pensaba realmente, pero yo no puedo estar más de acuerdo.

martes, 1 de agosto de 2017

A principios de agosto

Digamos, para no entrar en demasiados detalles, que el verano comenzó torcido (rotura de disco externo, pérdida de información, encuentro(s) con Antifaz, dolor y más dolor, preocupaciones con su pizca de arrogancia con los gatos de la facultad, preocupaciones y sentimientos de culpa con los que viven conmigo, sobre todo con mi cariñosa Minca, que me requiere más de lo que yo le concedo) y, aunque se ha enderezado, el mes de julio ha sido intenso; una montaña rusa emocional que me ha dejado exhausta pero me ha hecho plantearme si estoy realmente viviendo la vida que quiero. Cierto es que no acabo de encontrar mi lugar en un mundo que no termino de entender, con una humanidad que cada vez me da más asco ("los astros no están más lejos que los hombres que trato", que dirían Héroes del Silencio), y que me lleva a sentirme día tras otro una sirena varada. Pero también es cierto que no tengo ninguna prisa por morirme, aunque a veces haya deseado con todas mis fuerzas dejar de existir simplemente para dejar de sentir este dolor ensordecedor que es la banda sonora de este mundo.

Entonces, ¿estoy viviendo la vida que quiero? En los momentos más optimistas me digo que a medias, y en los de desazón total, la respuesta es rotunda: no. La fortuna de hacer un trabajo que me apasiona corre el riesgo de convertirse en una maldición cuando no sé poner límites. Y, como siempre que no se miden los límites y las fuerzas, los entusiasmados deseos se convierten en obligaciones que angustian e imponen una urgencia que desdibuja lo realmente importante. ¿Cuántas veces le habré dicho a Mirra que tengo que trabajar cuando ella me insiste en que pase un rato con ella? De todos mis compañeretes peludos, ella es la que más insiste en que tengo que volver a la realidad de lo corpóreo porque la intelectualidad por sí sola se queda en entelequias y la lleva a una a meterse en inercias no siempre escogidas conscientemente y a dejar de lado aspectos de la vida cotidiana que son, ni más ni menos, que actos de amor hacia mí misma y hacia mis seres queridos.

El hogar está donde está el corazón, y mi corazón está desparramado por muchos sitios. Y no está mal que así sea, salvo por el hecho de que siempre hay alguien a quien echo de menos. Pero precisamente porque tengo, pues, muchos hogares, y porque quiero la salud para mi corazón, esos hogares se convierten ahora en mi prioridad. Porque es ahí donde encuentro cualquier atisbo de felicidad en este mundo caído, y porque algunos aspectos de mi trabajo también son hogar, pero me cuesta reconocerlos entre tanta maraña de estupideces, de reglas autoimpuestas y de condicionantes asumidos, incluso después de haber manifestado que no los iba a asumir.  Y como, además, el tiempo es limitado, no lo tengo para obligaciones impuestas, ni siquiera las que se disfrazan de "buen rollito".

Estoy ahora en Goupillières, uno de mis hogares. Matthias y Lluqui están durmiendo, felices de la vida. En otro de mis hogares, mi madre cuida de Mirra, Mishkin y Minca; en otro, mi hermana Irene cuida de Michi, y Portos y Mani disfrutan en la residencia; en otro, Lidia cuida de los gatitos libres. Y, mientras tanto, yo no sé cuidar de mí. O mejor dicho, no siempre he sabido cuidar de mí. Hasta ahora. Esta declaración pública de intenciones -la expresión en inglés, mission statement, me parece más contundente - cumple dos funciones: recordatorio (para mí) y explicación (para cuando os diga "no, gracias"). Vale, no tengo muchos seguidores en el blog, pero siempre está bien tener un enlace que remitir.


viernes, 16 de junio de 2017

The Dog Who Dared To Dream

Muchos libros me han marcado de distintas formas, pero hay algunos que se meten hasta el fondo del corazón a la velocidad de la luz y tocan todos y cada uno de los átomos que componen mi ser. Este es uno de ellos. Lo compré en la estación de Montparnasse, y me absorbió todo el trayecto en tren. Al llegar a Goupillières, lo dejé aparcado para ponerme a trabajar. Lo he terminado mientras esperaba a que se cargara la batería del ordenador. Y tengo el corazón encogido, los ojos llenos de lágrimas por esa historia tan dolorosa, hermosa, esperanzadoramente bella que es la de Scraggly. Supongo que el final me debería hacer feliz, pero me tiene con un nudo en la garganta, el corazón tiritando y los ojos rojos, la vista nublada. Scraggly se ha acomodado en mis entrañas, justo en ese lugar que ocupa desde hace años el Zorro de El Principito, y me ha llevado a hacer algo que no he hecho nunca: lanzarme como una loca a foros de lectura y a Instagram, poner una foto de mi ejemplar, junto con el hashtag #thedogwhodaredtodream y buscar luego espíritus afines que se hayan sentido tan conmovidos por el libro como yo lo estoy, así como la necesidad imperiosa de escribir esta entrada en un blog que tengo bastante abandonado. Bienvenida, Scraggly.

****SIGUE MÁS ABAJO UN COMENTARIO QUE NO ES SPOILER PERO CASI ****




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Habría deseado otro final, pero creo que este es, en vista de mis angustias existenciales, el mejor de todos.

lunes, 20 de marzo de 2017

19 de marzo de 2017 - aún invierno de 2017

Sé que la primavera y el verano también tienen sus cosas buenas; pero yo soy más otoñal e invernal, y me da pena cuando terminan estas estaciones. Me gusta la luz de septiembre, la que anuncia que se acortan los días y, aunque pueda parecer que la luz del principio de la primavera es la misma, en realidad no lo es. Mi primer otoño y mi primer invierno sin Princesse desde que la conozco. Hoy la "veía" merodeando por el jardín, y el buen tiempo me acerca al día de agosto en que hará un año que se fue. Un año hizo el 15 de marzo que llegó Blusky, para irse cinco meses después. Ausencias, como lo será mañana el invierno de 2017, no sin que antes me permita copiar aquí una cita de la antología Winter, editada por Melissa Harrison. El mes es febrero, pero es el último texto en la antología; el que anuncia el final del invierno y la llegada de la primavera. Volverá el invierno de 2017, pero sólo durante los últimos días de diciembre. Nos llevará a 2018, pero hasta entonces nos queda una primavera, un verano, y un otoño que ya anhelo. A ver si aprendo a aparcar esta melancolía que me traen los días que se alargan y que me anuncian, como no lo hace el invierno, que otro año se ha pasado.

Every year, in the third week of February, there is a day, or, more usually, a run of days, when one can say for sure that the light is back. Some juncture has been reached, and the light spills into the world from a sun suddenly higher in the sky. Today, a Sunday, is such a day, though the trees are still stark and without leaves; the grasses are dry and winter-beaten.

The sun is still low in the sky, een at noon, hanging over the hills southwest. Its light spills out of the southwest, the same direction as the wind: both sunlight and wind arrive together out of the same airt, and invasion of light and air out of a sky of quickly moving clouds, working together as a swift team. The wind lifts the grasses and moves the thin branches ofthe leafless trees and the sun shines on them, in one movement, so light and air are as one, two aspects of the same entity. The light is razor-like, edging grasses and twigs of the willow and apple trees and birch. The garden is all left-leaning filaments of light, such as you see on cobwebs, mostly, too hard to be called a sparkle, too metallic, but the whole garden's being given a brisk spring-clean. Where ther are leaves, such as the holly 200 yards away, the wind lifts the leaves and the sun sweeps underneath. All moving because of the fresh wind.
Now the town's jackdaws are all up in a crowd, revelling in the wind, chack-chacking at each other. And I hear a girl's voice, one of my daughter's friends, one of hte four girls playing in the garden. She makes a call poised just between play and fear. What are they playing? Hide and seek? No matter. It pleases me that my daughter says they are 'playing in the garden', because they're eleven years old; another year or two and they wouldn't admit to 'playing' at all, and for a while the garden will have no appeal, because everything they want will be elsewhere. For a few years they'll enter a dark mirror-tunnel whose sides reflect only themselves.
The girls themselves can't be seen, obscured by trees and that edgy, breezy light. The year has turned. Filaments and metallic ribbons of wind-blown light, just for an hour, but enough.

Kathleen Jamie, Sightlines, 2012.






sábado, 24 de diciembre de 2016

¡Feliz Navidad!

Me duelen las ausencias mucho más este día en el que todo se subraya, pero me llenan el corazón las presencias con quienes tengo la fortuna de vivir.  Me duelen los excesos, la cantidad de animales que mueren, cifras que se disparan en estas fechas y que a mí se me clavan como dardos, pero no voy a permitir que apaguen mi casi extinta ilusión. Mi carta a Papá Noel y a los Reyes Magos sólo llevaría un deseo: que aumente el número de gente que opta por no alimentarse de animales.



















¡Feliz Navidad! Muy especialmente a quienes compartís esta filosofía de vida, este imperativo moral, porque entendéis perfectamente de qué estoy hablando y me ayudáis a no sentirme tan sola.