Pero ahora estoy rota, destrozada, y muy cansada. Te echo de menos, Mirra, y te querré siempre. Love trumps death and death is not the end.
(Continuará)
Pero ahora estoy rota, destrozada, y muy cansada. Te echo de menos, Mirra, y te querré siempre. Love trumps death and death is not the end.
(Continuará)
Estoy destrozada, y últimamente parece que entro al blog solo para despedidas. No es así; son homenajes a quienes me han dejado el corazón roto, pero rebosante de amor. Y tú no ibas a ser menos, Pichí, aunque haya compartido contigo solo 16 días. Me parece mentira, parece que llevases mucho más tiempo conmigo. La intensidad de lo compartido no entiende de cronologías. Me decía Lidia que un amigo suyo decía que la vida hay que valorarla por lo ancha que ha sido más que por la longitud. Espero que la tuya, a pesar de corta, haya sido ancha. Si tengo que juzgar por cómo me sentía yo estando contigo, entonces es inconmensurable.
Te encontré el 15 de julio, escondido entre las macetas de la placeta. Andabas, correteabas, revoloteabas, pero no remontabas el vuelo, salvo para subir de un escalón a otro. Me fue muy fácil cogerte y creo que hubiese sido aún más fácil a cualquiera que quisiera hacerte daño. No hay gatos por aquí, así que no creo que hubieses acabado en sus garras (irónico que fuera Michi quien acabara contigo), pero quizá algún perro, o quizá, a tenor de las temperaturas de ese día, hubieses muerto de calor, o de deshidratación. Quise salvarte la vida, pensé que lo estaba haciendo y me diste 16 días de felicidad infinita, incluso con la incertidumbre de si saldrías adelante. Sé que los gorriones alimentan a sus hijos en el suelo, incluso si han caído del nido, pero también sé (o creo, en realidad no sé nada) que no habrías podido remontar el vuelo con ellos. Juanjo me dijo cuando lo llamé que se le había muerto uno que estaba deshidratado y no podía seguir a sus padre, así que creo que fue la decisión correcta.
Primero fue la jeringuilla, y nada; pero al pan mojado en leches vegetales y en agua sí que reaccionabas bien. Me encantaba verte el buche llenito y oírte llamar a los tuyos cuando te ponía en la ventana. Y ese descaro tuyo tan lindo, cuando me mirabas desde el armario para decirme ¿quë? ¿O solo mirabas? Cada mañana me despertaba con una ilusión tremenda, me asomaba a tu jaula, cerraba todo y te dejaba la jaula abierta. A veces te quedabas ahí todo el rato, pero últimamente ya te colocabas en posición de salida, te colocabas en la puerta, mirabas a todas partes y alzabas el vuelo hacia el poto o , más frecuentemente, hacia el coral. Esa era tu atalaya particular.
Al principio te llevaba siempre de Ogíjares a Granada. Tenía que darte de comer con frecuencia y no podía dejarte en manos de nadie. Luego, como ya comías solo, te dejaba en Ogíjares, con la jaula siempre cerrada y también la puerta. Una escoba avisaba de que allí había una vida preciosa que había que proteger.
Ayer el aviso no fue suficiente. No me lo puedo creer. Lo vivo como una traición. ¿Seré capaz de perdonar? Espero que fuese rápido, que no pasaras miedo, pero no puedo dejar de llorar. Ando como una zombi. Aún no he vuelto a Ogíjares. Tú sí has vuelto a casa, en el fondo de tu jaula, dormidito. Ahora descansas aquí. Te merecías una vida más larga, Pichí. Nos merecíamos ese verano en Francia, ese plan A si volabas o el plan B si no podías volar. No es justo. El dolor es atroz, y la furia no ayuda a sobrellevarlo. Te lloro y maldigo. ¿Soy injusta? Quizá. Pero tu vida era preciosa y se merecía que cualquier persona a cuyo cargo estuvieras la cuidara con la atención que yo te dispensaba. No, no soy Doña Perfecta, far from it; pero sé lo único que eras. No cabía negligencia alguna. Y ahora no puedo perdonar.
Pero esos 16 días. ¡Guau! You thrived! Espero que te sintieras amado y, si continúas aquí, como dicen, en otro plano, espero que lo sientas aún más, libre de ataduras y pesos físicos. A mí me duele tu vida acortada antes de tiempo, mis ilusiones contigo sesgadas, pero me siento privilegiada de que estés en mi vida. Te quiero, Pichí.
Love trumps death, and death is not the end.
Duele.
Hasta el reencuentro.
Con el estómago encogido desde que hace un mes conocí el rostro y el nombre de Rompesuelas, me pasé la mañana de ayer deseando como ya no podía desear más que el toro corriera, que corriera mucho, que llegara al límite donde podría salvarse. Y me sigo sorprendiendo de mi ingenuidad, como si ya no supiera que estos sádicos psicópatas no respetan ni la vida, ni las reglas. "¿Las re-quéeee? Eso qué es lo que eeeeees". Deseé que Elegido hubiese sido el último, que Rompesuelas se librara y que tuviéramos otro año por delante para terminar con esta salvajada. Hice pactos con el Universo, con la Virgen de la Peña, con la de las Angustias, y le puse una varita de incienso a Ganesha para que quitara todos los obstáculos que impidieran a Rompesuelas correr. Visualicé los titulares: "Rompesuelas vivo" "Rompesuelas indultado". Y no pudo ser - a pesar de que Rompesuelas llegó al ímite donde en teoría debería haber estado a salvo - porque la chusma, sedienta de sangre, tenía que ver al toro muerto sí o sí. En días anteriores, había deseado que, si Rompesuelas no se podía salvar, al menos se llevara a alguien por delante, cuantos más mejor. Sí, lo confieso sin rubor. Pero ayer no quise que nada enturbiara esa concentración en mantener la esperanza por Rompesuelas. "Corre, Rompesuelas." "Escápate, Rompesuelas." "Rompesuelas se salva".![]() |
| Marcos - freeeeeeeeee!!!! |