Ya está aquí el otoño, ya ya puedo empezar a leer el libro que pedí hace algunas semanas para conmemorar la época que, después de la Navidad, más me gusta del año. La introducción confirma que somos muchas quienes preferimos esta estación. Como pienso comprarme los siguientes libros dedicados a esta estación, habrá que ver qué dice la editora en la introducción a las otras.
Mañana me marcho a Cádiz, invitada por la Asociación Cultural Universitaria Ubi Sunt?
para dar la conferencia inagural de su XV Congreso Multidisciplinar,
que este año tiene por título "Literatura e Historia". He vuelto a
sumergirme en la Primera Guerra Mundial para hablar de cómo la contienda influyó en
la evolución personal y en la creación literaria de J.R.R. Tolkien, y se
ve que ando lejos de endurecerme con la edad porque volver a leer algunos textos que ya conocía me ha dejado rota.Cuando terminé mi licenciatura, me dediqué a escribir mi tesis doctoral sobre The Lord of the Rings; cuando Tolkien terminó la suya, le tocó experimentar los horrores de la guerra. Indudablemente, mis twenties fueron más afortunados que los suyos.
Cabe preguntarse qué color habría tenido la producción literaria de J.R.R. Tolkien si hubiera sido tan afortunado como yo y le hubiese tocado vivir una juventud en paz, pero creo que ese tipo de preguntas no nos llevan a ninguna parte. Al fin y al cabo, como ya le dijo Gandalf a Frodo, no nos corresponde a nosotros decidir qué época nos toca vivir, sólo nos queda decidir qué hacer con el tiempo que se nos ha dado. Tolkien perdió a todos excepto a uno de sus amigos de infancia en la guerra, ninguno de ellos llegó al cuarto de siglo; tantas vidas jóvenes segadas en medio de tanto horror supone una pérdida para la humanidad entera pero, desgraciadamente, cuando falta poco para que se cumple el primer centenario del comienzo de la guerra que se suponía iba a terminar con todas las guerras, pareciera que la pérdida está perfectamente asumida. Philip Larkin expresó muy bien lo que se rompió en 1914: "Never such innocence again".
Encontré una reproducción de un póster de la Primera Guerra Mundial que solicitaba libros para los soldados que estaban en el frente y recorté la imagen para utilizarla como base de lapresentación de diapositivas que voy a utilizar para la conferencia, con la esperanza de que alguna vez la pluma sea más fuerte que la espada o, en este caso, los libros más fuertes que la bayoneta. Reproduzco la imagen aquí, con el poema MCXIV, de Larkin. Si os fijáis bien, la pila de libros supera en altura la de la bayoneta. No volveremos a recuperar esa inocencia, pero, si bien no tengo mucha esperanza en la especie humana, no quiero perderla del todo. Que la historia y la literatura nos ayuden a no olvidar.
Intensa, la semana que hoy acaba, muy intensa. Han terminado las clases del primer cuatrimestre y también ha finalizado la segunda temporada de Sherlock. Y lo ha hecho con la misma elegancia con que empezó, lanzando guiños al público que ha llegado a este Sherlock de la pantalla desde las páginas de Conan Doyle. Por supuesto que intuíamos ya desde el título "The Reichenbach Fall" que... ejem..., hasta aquí puedo escribir, que no quiero adelantar nada a quien pueda tropezar con este blog sin haber visto aún la serie. En resumidas cuentas, un final de temporada de quitarse el sombrero que me dejó con ganas de más. Si la primera fue buena, la segunda me ha parecido mucho mejor. Siguiendo esta tónica, la tercera deberá ser de escándalo. Pero no nos precipitemos; toca esperar pacientemente...
James Moriarty y Sherlock Holmes
(Consulting criminal vs Consulting Detective)
La espera, al menos en lo que a mí concierne, no va a estar vacía. Espero ansiosa no sólo la tercera temporada de Sherlock, sino la más cercana segunda temporada de Game of Thrones y la tercera de Downton Abbey (aunque la calidad esta última no se acercó a la de la primera). Digo que la espera no va a estar vacía en lo que al territorio "series" se refiere porque ya me he puesto al día con Once Upon a Time, la nueva serie de Edward Kitsis y Adam Horowitz que emite en España la cadena AXN. Se me pasó el estreno, ensimismada como estaba con Sherlock, pero ayer emitieron los tres primeros episodios y ya estoy lista para la acción.
Once Upon a Time / Érase una vez
Vale. Comparar Sherlock con Once Upon a Time sería como comparar peras con manzanas y no es el propósito de esta entrada. Sherlock está concebido como una colección de miniseries de meticulosa factura, excelentes guiones e impecables actuaciones (hasta el histrionismo de Moriarty encaja), mientras que Once Upon a Time se presenta como una serie americana al estilo de True Blood, con una trama compleja que no se resuelve en cada episodio y que, con toda probabilidad, se resolverá por entregas al final de cada temporada pero que lanzará una nueva incógnita para enganchar al público a una nueva temporada.
Si bien me costó acostumbrarme a los escenarios del mundo de los cuentos de hadas (un poco fake para mi gusto) y no dejaba de ver en el troll del tercer episodio a un orco escapado de The Lord of the Rings (es que hasta la voz era la misma), me habitué pronto a la particular puesta en escena, igual que lo hice a las horteradas que salpican True Blood y que, no cabe duda, son señas de identidad de la serie.
Independientemente de los gustos, creo que Once Upon a Time llama la atención sobre un aspecto que me parece fundamental: el hecho de que las narraciones folklóricas (sean mitos o cuentos de hadas) nos proporcionan unas raíces que se extienden, perdón por lo manido de la expresión, hasta la noche de los tiempos. Como expresó mi querido Tolkien en el poema Mythopoeia, la mitología contiene verdades espirituales y fundacionales y la mitopoiesis ayuda a elaborar y conectar con esas verdades. Los cuentos de hadas cumplen también esta labor, como subrayara Bruno Bettelheim en sus The Uses of Enchantment (traducido al español como Piscoanálisis de los cuentos de hadas), al ayudar a los niños a enfrentarse a sus miedos en términos simbólicos, permitiéndoles crecer emocionalmente y proporcionándole las herramientas necesarias para embarcarse en la aventura de vivir.
Hoy en día, me asombra descubrir que mis estudiantes no han crecido con los cuentos de hadas con los que yo lo hice, igual que desconocen los mitos clásicos o incluso las historias del Antiguo Testamento. El desconocimiento de la tradición clásica y la bíblica los inhabilita sin duda alguna para comprender la cultura occidental en cualquiera de sus manifestaciones, pero, a un nivel más profundo, y aquí radica la conexión con la serie Once Upon a Time, el crecer sin mitos, sin cuentos de hadas, supone cercenar esas raíces que nos conectan a toda una realidad no-visible que en última instancia conforma lo que hoy somos. Un árbol no crece sin raíces. Sucede como a los personajes de Storybrooke que, expulsados del mundo de los cuentos de hadas al que pertenecen, desconocen su propia identidad. Hace falta que un niño de 10 años, gracias a un libro de cuentos de hadas, ayude a una adulta - que tampoco sabe de dónde viene - a deshacer el hechizo.
El jovencito Jared S. Gilmore como Henry Mills
La mejor actuación, sin duda alguna, la de Lana Parrilla, en su papel de Evil Queen/Regina Mills que impide que el personaje malvado sea de un negro maniqueo y presenta a una mujer cruel, ambiciosa, egoísta, incapaz de perdonar y, por ello, también torturada. Prometedora la de Robert Carlyle como Rumpelstiltskin/Mr. Gold.